MIQUEL BARCELÓ
DIEZ DIBUJOS DE ÁFRICA
Textos: Lola Soto Vicario
“El viento que me arranca mis cuadros, el color y las horas de aburrimiento mortal. Y de pronto como un relámpago, una imagen, un olor, un algo que traspasa por un momento mi cuerpo, y una felicidad absoluta nunca conocida en otra parte. (…) Como casi todo, el plástico también envejece aquí más deprisa. (…) Yo, por el contrario, tengo la impresión de rejuvenecer, quizá porque vuelvo a encontrar el país bárbaro de mi infancia, sucio y fuerte.”
Miquel Barceló. Ségou, Mali. 4 y 26.II.94
En 1988 Miquel Barceló viaja por primera vez a África. Llegará hasta Gao, donde se quedará a trabajar, y desde entonces ha viajado con frecuencia por el África Occidental. Es el inicio de una verdadera fascinación; durante sus estancias allí, escribe y dibuja muchísimo, realiza cuadernos enteros con escenas de la vida cotidiana, canoas en el rio, mujeres en el mercado, animales vivos o muertos, desiertos, gente que se lava, cráneos de cabras, objetos, piedras y personas cercanas. Sus dibujos están hechos con manchas rápidas, siempre improvisando un encuentro fugaz, una vivencia, una experiencia, principalmente en gouache y técnica mixta sobre papel.
Hemos realizado una selección de dibujos de Barceló de este tiempo, que acompañamos de nuestros comentarios desde dentro de la propia pintura, la pintura como sustancia viva, como medio esencial para transmitir una emoción intensa. Un acercamiento a partir de lo que nos sugiere, como pintores, este conjunto de imágenes; esa es nuestra aportación, el deseo de profundizar en unas obras con las que nos sentimos identificados y que nos suscitan inquietudes y sensaciones muy diversas.
OBRAS COMENTADAS
“La orilla del Niger”. Gouache sobre papel. Marzo, 1988
El horizonte, altísimo; todo el espacio es una sensación acuática hecha a partir de un barrido amplio de brocha que ha construido toda esta gran superficie que es el río pintado sin apenas color, pues casi es el fondo del papel vacío. Diríamos que hay algo de pintura china aquí, en el gesto del pincel, en los trazos negros breves y como caligráficos, en el espacio, captado a vista de pájaro. La vida transcurre y discurre de arriba hacia abajo, plácida, como los ritmos suaves y descendentes de las líneas. El ambiente teñido de azul nos envuelve, sugerente, y todo se torna gesto y expresión espontánea; el azar controlado del pincel.
“Mujer y pollos”. Gouache sobre papel. Marzo, 1992
Perfecta combinación de medios secos (barra grasa negra) y húmedos (la mancha de gouache). Las formas se recortan de nuevo como sombras o siluetas sobre un fondo vacío y plano. Trazos poderosos, rotundos, de pincelada única que no insiste, que no retoca, que perfila o sugiere lo fluido, lo cambiante y el aire de alrededor. Formas superpuestas, escuetos grafismos, trazos negros que refuerzan un contorno, brevísimas notas de color simplemente anecdótico. En este pequeño dibujo hay una síntesis de todo lo que se puede conseguir con medios tan humildes como un trozo de pastel negro y un poco de pigmento diluido en agua: sugerencia, decisión, ingravidez, rotundidad, decorativismo; lo orgánico, lo vital, lo efímero, lo tosco, lo que está en movimiento. Con unas simples manchas se ha resumido una escena cotidiana con sensualidad y ligereza de trazo que improvisa y narra las costumbres del País Dogón.
“El burro cargado con leña”. Gouache sobre papel. 1994
El agua coloreada de ocre se ha derramado literalmente sobre el papel en vertical y de esa mancha casual ha surgido un fondo, un paisaje de formas orgánicas fragmentadas que evoca la naturaleza más árida. Es la escena cotidiana entre dos mujeres y un animal de trabajo: la expresión del dibujo simplificado al máximo en escuetos y fuertes trazos nos habla de la inmediatez del momento. Se ha apresado un instante de la vida local con gestos de pincel vivos, toscos y fuertes. El temblor de la línea vibra sobre el papel humedecido; lo inacabado, lo que fluye caprichoso al mezclar tinta y gouache da lugar a sensaciones palpitantes y enérgicas. Las figuras, sus rasgos a partir de los ritmos lineales más básicos y activos, sus manchas con algo de decorativo, y su textura áspera y rotunda evocan una cultura rural muy antigua hecha sólo con lo esencial.
“Dos estantes”. Gouache sobre papel. Octubre, 1998
Unas formas cerradas a partir de manchas controladas y precisas de gouache y tinta trazadas de una sola vez. En su interior, el juego, el capricho, el azar controlado, la mezcla resultante de una sustancia pictórica y de otra diferente: la tinta china y el gouache. Son como cabezas de piedra, animales oscuros muertos, inertes, paralizada su vida, hechos con signos negros como muy antiguos, primitivos. Son como cabezas quemadas, calcinadas. Esa es la apariencia de la mancha opaca de pintura, rotunda y muy poderosa, escultórica y de líneas fuertes y marcadas. Todo se percibe como una tauromaquia inmóvil, congelada, son cabezas que estuvieron vivas y aquí están representadas con un dibujo pétreo y sólido.
“En el mercado de las cabras”. Gouache sobre papel. 1994
Las termitas devoraron parte del papel del cuaderno que Barceló dejó dentro de un termitero. Empezó a dibujar “lo que le sugerían los agujeros formando una especie de secuencia narrativa”. Son piedras o ausencias, calaveras u oquedades. Son y muestran “la caducidad de todo”. Un dibujo fuerte sobre un papel deliberadamente sucio y manchado, como la propia tierra. La fuerza de los signos negros en las formas de las cabras negras, su contundente expresión en contraposición al espacio vacío y las sutiles aguadas del fondo. Este fondo es el papel, pero es la tierra hecha de agujeros y accidentes, rugosa, dura y áspera como un muro rocoso, hecha de arrugas, huellas de pigmento y mordeduras de termita. Las figuras, en actitud provocadora; se ve el paso del tiempo en el papel y en las costumbres de los gestos de África.
“Cabra”. (Fragmento) Gouache sobre papel. 1995
El fondo, como en relieve, con una materia texturada indefinida sobre una maraña de líneas de lápiz y sobre una base más sutil de acuarela. Un ritual de muerte, un sacrificio de sangre, la pincelada seca de gouache apenas agarra sobre el papel áspero y grumoso y deja rastros y huellas expresivas y desiguales, inacabadas. La figura yerta, exangüe, estilizada, pintada con un solo movimiento audaz y rápido de pincel. Con pincelada única, controlada pero libre y abierta, con dinamismo decidido que contiene la vida y la muerte a la vez, que es desmayo y agitar de miembros en medio de un aire denso, como submarino, irrespirable, construido con varias capas de materia, de pintura intuitiva y muy intensa. “A veces, en un trazo hay 'élan vital' –una fuerza que es comienzo y final–”, dice Barceló. Así es en muchos de sus dibujos de África.
“Mercado”. Gouache sobre papel. Enero, 1999
En un espacio plano creado con una amplia aguada transparente se han dispuesto varias figuras: la escena es un mercado en el suelo, su color y variedad, el olor y el ajetreo, expresados con un sencillo dripping de tonalidades cálidas que salpica todo el formato. En el suelo, hombres y mujeres oscuros ofrecen lo que venden sobre los espacios blancos del papel, y lo que vemos aquí son manchas de gouache con formas humanas, transparentes u opacas, con el negro que los dibuja y marca bien su contorno. Hay juego y azar, pero con control y conocimiento. Hay variedad gráfica, y la escena de vendedores en el suelo se nos presenta como un plano sobre el que se superponen formas intuitivas, colores y manchas entre lo decorativo y lo espontáneo.
“El viento”. Gouache sobre papel. Enero, 1999
El viento en esta escena se hace evidente en la dirección y el movimiento de las formas y sus sombras. La dicción es cerrada, el fondo es un espacio de sol-luz completamente vacío y blanco. Son mujeres en un mercado; el viento barre y arrastra sus formas frágiles pero no las deshace. El pincel ha sido aquí más delicado que en otros dibujos; pinta con finura, esquematiza, estiliza, idealiza. Los ritmos oblicuos, las manchas alargadas dispuestas en diagonal nos hablan aún más de la dirección del viento, invisible pero presente. Color sintetizado y cierto decorativismo caprichoso hecho con una suave aguada. Las figuras femeninas son seres gráciles, ligeros, de rasgos finos y esbeltos, con un dibujo de contorno que recuerda a sombras chinescas que danzan o caminan en el desierto de luz blanca y cegadora. “Porque la luz en África no es el color. La luz es mucho más fuerte que el color. El color casi se corroe por la luz”, como dice Barceló.
“Camino a la montaña”. Gouache sobre papel. Marzo, 1988
Se ha partido de una gran aguada de trazo desigual, sin apenas color. De ella ha surgido un paisaje de manchas ligeras y vaporosas, difusas, pintado en húmedo sobre húmedo, todo solamente sugerido, todo sin definir ni explicar con detalle. Las diagonales en zigzag nos llevan hasta una lejanía elevada. El trazo negro, su contundencia visual, guía nuestra mirada. Los camellos de la caravana sólo son bultos negros, toscos gestos de gouache. Elementos mínimos capaces de evocar muchas cosas que no están pintadas. Barceló crea geologías y accidentes frotando sobre un papel engrasado con agua teñida, y crea protuberancias que son como fenómenos naturales de la tierra. Para él, “las capas de pintura se convierten en accidentes geográficos”. Lo mojado y lo seco, sensaciones pétreas y de aire de desierto. Es un dibujo de agua y de tierra, “son cosas propias de la pintura, que puede estar mojada o estar seca”, según Barceló.
“Cabras”. Gouache sobre papel. 1993
Tiene algo de mural prehistórico sobre pared rocosa este dibujo: las cabras negras se mueven como en una danza ritual muy antigua, trazadas con signos oscuros (hay algo de tinta china en el gouache); sus formas se funden unas con otras y la mancha de gouache, libre y fluida, evoca el movimiento incesante, convulso, agitado, un trote de animales salvajes que trepan y dan vueltas dentro de una maraña de líneas abruptas y aguadas que se superponen unas con otras con distinta intención. La contundencia del negro junto a la sutil mancha acuarelada genera el contraste que dramatiza y dinamiza toda la composición.
Miquel Barceló pintando en Gao, Mali, en 1988.
Fotografía de Jean-Marie del Moral.
“Al borde del acantilado en África, borro mis cuadros una y otra vez. Abajo oigo los tambores de la danza de los muertos y sobre mi cabeza revolotean las águilas y los cuervos.
Hacer algo que esté a la altura de eso; y nada más.”
Miquel Barceló. 20.VI.1995
BIBLIOGRAFÍA
Catálogo Miquel Barceló. Obra sobre papel 1979-1999. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid, 1999.
Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de la bibliografía referenciada anteriormente.
Los comentarios de este estudio son originales de la autora y están basadas en la observación directa de la obra de Miquel Barceló en diferentes museos y centros de arte.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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